SONETO UNIVERSAL

y 28 de marzo
Quiero que el tiempo se detenga
porque el tiempo quiero ver
y lo que en su interior contenga.

El aire que en oleadas
desbordar pretenda
o los campos de muchos colores
cubiertos de olores.

La vida es esperanza
porque vida sin esperanza no es vida
y esperanza sin vida no es posible.

El secreto de la vida está en la muerte
y en mi mente, nada es fin, todo es principio
principio y fin, ¿hay fronteras?
o es la dualidad en pleno idilio.

Paulino Velasco L.




AUSENCIAS

Aquí o allí, no importa
la nieve abraza la tierra con su manto
y como si fuera un llanto
el aire le susurra con su canto.

No hay noches.
las noches que aquí existen, no son noches.
Son como noches de luna ....sin luna.
no hay cielo azul, ni luna, ni estrellas
¡no hay firmamento!.

Y el frío, ¡válgame Dios!
Invade el medio ambiente.
Penetra por los polos de la piel,
contagia el alma

Aquí o allí, no importa, es la nostalgia.
Todos esperan con fervor el día siguiente
Todos esperan ya la luz del sol naciente.
Todos esperan,....la esperanza.


Paulino Velasco.L.      1988 (Estocolmo, Suecia).


28 DE MARZO

Al despertar se sobresaltó. Volvió de la oscuridad, regresó a la vida. Pero la llegada Fue brusca, ruda. No hubo ese despertar generoso que suelen tener las personas que duermen sin aparentes preocupaciones. Primero se estremece el cuerpo, seña de que se conectó el switch interior. Después comienzan a moverse los párpados ...poco a poco... hasta quedar abiertos. Los ojos quedan al descubierto. Reconocen el lugar y, por la luz y la quietud de la mirada, lo disfrutan. Arriban de su viaje nocturno de una manera placentera. Ninguna parte del cuerpo quiere moverse, quiere sostenerse así y detener el tiempo en pleno espacio y gozar del despertar de un sueño realmente relajante.

El despertar de aquél no fue de la misma forma. No hubo esa calma en los movimientos que le precede al despertar armonioso; al contrario, hubo prisa, mucha prisa. Parecía que los ojos huían de allá dentro y que buscaban cualquier puerta para ser libres. Así sus párpados se abrieron. Vio sin comprender. Parecía que estaba en un lugar predestinado de manera prematura, desconocida para él. Se remitió al pasado para tratar de comprender el presente. Pero sólo recordó cuando se tiró en algún lugar conocido pero aún no identificado. Haciendo un gran esfuerzo para empujar su recuerdo hacia atrás, logró recuperar un poco más de terreno. Recordó que llegaron cargados de alegría recolectada en alguna parte y que, haciendo caso omiso de compartir con los demás ese momento en casa, él se escapó buscando la cama. No recordó qué tiempo hizo de un lado a otro ni qué camino tomó, pero llegó al lugar exacto, custodiado por los sentidos de dirección y defensa, dirigidos por el subjefe de todos los sentidos: el subconsciente. Eso comenzaba a deducir su adolorida memoria. De pronto vio luz, si, era luz de día. Aunque el cuarto era oscuro, vio la claridad a través de las rendijas de la celosía que cubría el hueco de las ventanas. No sabía qué hora era pero era de día. Recordó que cuando cerró los ojos era de noche. Su memoria comenzó a despejarse razonando: noche y día, oscuridad y claridad, luz y sombra. Su divagación fue interrumpida por la acción de un sentimiento que desde el fondo emergía y se abría paso de una manera agresiva. Parecía policía de cualquier mundo. Era un sentimiento maligno, no había duda, pero indescifrable. No era ninguno de los ya conocidos como la codicia, el egoísmo, la envidia, el celo, la ira, el arrepentimiento, la inseguridad, etc.Era algo...tampoco nuevo pero...difícil de describir. Más que un sentimiento, creía que eran varios. Sentía cansancio, vacío, amargura, culpabilidad, inquietud, ansiedad, angustia, fuerte depresión. Sentía que la presión sanguínea se le subía y se le bajaba al mismo tiempo. Nada le gustaba. Todo le molestaba. Sí, no había duda, todos los sentimientos terribles se encontraban en pleno festín. Se agasajaban por alguna celebración.

De pronto hubo una gran actividad en su cerebro. Imágenes, pasajes, parte de hechos, colores, ... que comenzaban a acercarse de algún lugar lejano o que surgían de la nada. Se aproximaban en masa y en desorden. Al menos eso pareció al principio porque al acercarse a la velocidad de la luz como lo hacía, se podía ver cada vez mejor un movimiento concéntrico y todo lo periférico que volaba, como auténticos satélites, giraban alrededor de él. Comenzó por verse un punto que rápido se transformó en hoyo negro, amenazándolo con tragárselo al infinito. El círculo del hoyo se hizo tan grande que al pasar sobre él, al tragárselo, cambió la escena automáticamente. Ahora ya no veía imágenes, pasajes, parte de hechos, colores y otras cosas como antes. Ahora veía líneas, festival de líneas que se buscaban y al encontrarse se juntaban, se fusionaban, y de esta unidad de tantas líneas surgían otras nuevas. De en medio de este cruce y transformación de líneas en otras líneas, apareció una letra. Al reconocerla, quiso acompañar el alumbramiento con la fuerza de su voz, pero no pudo pronunciarla. Se olvidó de ella porque su visión continuaba produciendo líneas. Vio una C que parecía parpadearle con su luz intermitente, no porque tuviera luz propia, sino por la debilidad de la visión que luchaba por sostenerse. Ahora veía una P que al clarificarse se transformó en R.; finalmente leyó en silencio su nombre porque al tratar de pronunciarla, de su garganta salieron sonidos guturales indefinidos, deformes, que más parecían lamentos que voces fonéticamente articuladas. Su visor seguía activado. Ante su monitor cerebral apareció una O, pero ovalada. Esta O apareció por interferencia, no era la que su cerebro producía. Esta salió del interior de su cuerpo como resultado de un dolor físico. La interferencia se realizó por la fuerza del dolor y por esta misma razón se colocó junto a las otras dos letras. Ahora veía tres; C-R-O, pero no significaban para él nada interesante. Su cerebro produjo la siguiente letra que se le encimó a la intrusa. En la medida en que el dolor disminuía, la letra intrusa se opacaba, mientras la nueva se encendía. Aquí ya ni esfuerzo hizo para pronunciarla, prefirió ver que letra aparecía y dejar el esfuerzo de pronunciarla para otra fecha. Por el poder de la nueva letra, desapareció la O. Ahora veía una U. En el momento preciso en que su cerebro la pronunció, todas o casi todas sus fuerzas se pusieron en movimiento. Todo se hizo más veloz. Parecía que todos los elementos se aprestaban a tomar sus puestos, como soldados que deben ocupar sus trincheras, después de escuchar la alarma o la voz imperativa de su comandante. Cuando colocó la U junto a la otras letras, el fondo de su ser se estremeció y se liberó una fuerza que no sólo junto las letras que ya tenía, sino agregó las letras que faltaban. En ese rápido proceso en que las letras se colocaban, lo comprendió todo y de su garganta maltratada surgió la explicación adolorida: ¡¡ LA CRUDA ¡!


                                                                                          Salud y saludos
                                                                                                                       Paulino Velasco L.     






EL FANTASMA DE LA MAÑANA.

¿¿¿EEEEEEIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIAAAAAAAAMMMMM???

Fue el grito doloroso que rasgó su garganta, que raspó al aire.

Áspero, hostil, en el área donde termina lo aceptable y comienza el dolor. De esos gritos que salen de repente de algún lugar del alma o del corazón, no sé de dónde. De esos gritos que no se piensan, que sólo salen porque han estado acumulados, contenidos, reprimidos, que tan pronto ven un escape, braman y explotan como si celebraran de esa manera que ya son libres, que ya no serán más gritos. Que ya cumplieron con su misión en esta vida, en esa forma, a esa hora.

"Sí, a.m." Dijo el señor, pero de una manera opuesta a la del hijo. Suave, dulce paternal. Respuesta que expresa firmeza en lo que dice, de forma humilde pero con tal certeza, de que no espera otra respuesta a su respuesta. Como esos toreros profesionales que neutralizan al toro más bravo en forma tan elegante que, después de esquivarlo peligrosamente, se dirigen al público, sin preocuparse ya de su adversario.

Como el señor Stanley lo esperaba, no hubo más comentarios a su respuesta de parte de su vástago. Y es que en corazones obedientes y nobles de algunos hijos o hijas, aún siendo adultos, no es fácil y menos agradable desconocer y hacer a un lado las órdenes paternas.

La razón del pavoroso grito de Scott, fue porque comprendió de repente lo que su padre nos había comunicado. Éste había expresado: "Duérmanse temprano porque mañana a las siete regresamos a casa". La información penetró como fuego por los oídos del joven, "...mañana a las siete... e hizo que la piel se le enchinara. Cuando la información llegó al departamento de análisis del cerebro y después de procesarla confirmó su presentimiento, sus facciones normales se desfiguraron. Sus venas faciales se inflamaron y su rostro se encendió de rojo. Y en la medida en que sus ojos se agrandaban para que cupiera mayor incredulidad, sus labios se estiraban para expulsar con mayor facilidad al demonio desde adentro. No podía comprender, ¿cómo levantarse a.m. cuando su normalidad era p.m?

A.M. es, desde entonces, para todos los afectados, el aborrecido fantasma de la mañana que ronda por todas partes. No reconoce fronteras, tampoco razas. Ni credos, ni tiempos; el pretérito, presente o futuro le son lo mismo. Sin embargo, tiene la particularidad de que entre más temprano ataca más despiadado es. Dicen todos los afectados que al escuchar esas terribles letras, palidecen y comienzan a temblar. Dependiendo del temperamento de cada quien, algunos sufren ataques epilépticos y otros, desmayos. Así cuentan los perseguidos por a.m. Los adoradores del pasado meridiano, los nocturnos, los trasnochadores. Fin.

Salud y saludos.     Lino